miércoles, 9 de octubre de 2013

AWA


  AWÁ

1.1.        Idioma

Awapít. Pertenece a la familia lingüística Chibcha, forma parte del dialecto Malla de los Sindaguas; emparentada con el Chá palaa (idioma de la Nacionalidad Chachi), y con el Tsa’fíqui (idioma de la Nacionalidad Tsa’chila).

1.2.        Origen


El origen de la etnia es incierto y confuso, pues los estudios arqueológicos demuestran que el litoral, tanto colombiano como ecuatoriano, estaba habitado por la cultura Tumaco. A la llegada de los españoles en 1525, las crónicas dan cuenta de grupos indígenas seminómadas con un grado de desarrollo muy bajo en relación a las otras etnias halladas en la región andina.
Durante la colonia, los grupos de la región, denominados genéricamente como “Barbacoas“, fueron agrupados en “pueblos de indios“, de acuerdo al modelo hispánico de poblamiento. La presión colonizadora de la región aumentó significativamente al convertirse esta zona en uno de los principales yacimientos auríferos y centros portuarios -en el caso de Barbacoas-, situación que obligó a los indígenas a desplazarse fuera de su territorio tradicional.
 Su localización en uno de los ejes de comunicación entre el litoral y la meseta andina, ha influido significativamente en la conformación de su territorio, el cual se ha visto afectado por los auges mineros, las guerras civiles, los procesos de colonización ganadera, maderera y de cultivos ilícitos, además de las grandes obras de infraestructura como la carretera hacia el mar. A partir de los años sesenta, cuando se intensificó la llegada de colonos, mineros y extractores de aceites de palma, muchos indígenas tuvieron que reiniciar los procesos migratorios desde Colombia hacia el norte de Ecuador.
En el Ecuador a partir hasta 1974 la nacionalidad Awá no era “descubierta” oficialmente, aun cuando sus asentamientos en nuestro territorio se extienden hacia principios del siglo XX y que los investigadores consideran como etapa tradicional, este es el énfasis temporal propuesto.
Se trata de un pueblo altamente afectado por un conjunto de presiones sobre su territorio, pues

1.3.        Territorio

Tierras Legalizadas: En el Ecuador tienen 121 000 ha de tierras legalizadas y 5 500 ha de posesión ancestral no legalizadas, las mismas que constituyen un solo cuerpo perteneciente al conjunto de la nacionalidad.

1.4.        Ubicación


Los Awá tienen una presencia binacional; se encuentran en Ecuador y en Colombia, país donde se asienta la mayoría de su población en la parte sur occidente, departamento de Nariño.
En el Ecuador se encuentran en: Costa: provincia de Esmeraldas, cantón San Lorenzo, parroquias Tululbí, Mataje (Santa Rita) y Alto Tambo.
Sierra: (estribaciones occidentales andinas) provincia del Carchi: cantón Tulcán, parroquias Tobar Donoso y El Chical (Maldonado); provincia de Imbabura: cantón San Miguel de Urcuquí, parroquia La Merced de Buenos Aires y cantón Ibarra, parroquia Lita.

1.5.        Accesos

Para acceder a las comunidades Awá se puede hacerlo mediante las siguientes vías
ü  Vía Ibarra-San Lorenzo, a lo largo de la carretera se encuentran las siguientes comunidades dentro del cantón San Lorenzo:
o   Tululbí
o   Mataje
o   Alto Tambo
Para ingresar a esta reserva forestal y étnica, desde Chical se puede organizar educativas caminatas o cabalgatas, para llegar después de tres jornadas (tres días) a tierra de los Awá, donde su ancestro cultural, riachuelos, ríos, estanques de aguas transparentes, mariposas, aves, flores y más especies nativas de la zona.

Cuenta con aproximadamente 13 000 habitantes, de los cuales alrededor de 3.082, se encuentran en el Ecuador.
Organización sociopolítica: Los Awá que viven en el Ecuador están distribuidos en 22 centros con estatuto legal. La entidad coordinadora de ellos es la Federación de Centros Awá, miembro de la organización regional CONAICE y de la nacional CONAIE.

Organización social: Su patrón de residencia se caracteriza por la dispersión de sus asentamientos a lo largo de los ríos. Viven en casas separadas entre sí, por varias horas de camino. Los asentamientos tienen un núcleo de casas perteneciente a las personas con lazos directos de consanguinidad, quienes a su vez ejercen funciones de dirección del asentamiento.
Conceptualmente cada casa es una unidad económica y social distinta de unidades familiares grandes en las cuales se consolidan las relaciones de parentesco y se crean ambientes armónicos de curtes lazos que mantienen toda su vida. Por otra parte por el carácter público de la convivencia y la distribución espacial de sus viviendas, se crean demandas y límites de interacción social, esto no permite la pérdida de control sobre las emociones y expresiones de hostilidad. Los Awá evitan las visitas, por su carácter reservado, además por la lejanía de una vivienda a otra.

Su sistema de filiación es patrilineal y aunque el usufructo de la tierra es individual, su trabajo se hace generalmente entre grupos pequeños unidos por lazos de parentesco. Generalmente la persona más anciana es considerada sabio y líder.

En su modelo de organización política no existe una autoridad determinada, razón por la cual los principios de reciprocidad y las sanciones sociales juegan un papel importante.

1.7.        Vestimenta


En un principio los indígenas estaban semidesnudos, cubiertos parcialmente con tejidos hechos de corteza de damajagua (Poulsenia armata), con la cual también confeccionaban cobijas. Al parecer, ellos se mantuvieron así hasta finales del siglo XIX, tal como lo retrataron los dibujantes de E. Andrée alrededor de 1870 (América Pintoresca 1984: 64-69). No obstante los misioneros que siempre consideraron la desnudez como inmoral, les impusieron un vestido uniforme; para los hombres un camisón largo de lienzo sin botones, con cuello alto y reforzado a la altura del pecho. Este camisón se usa por fuera del pantalón que es del mismo material y cubre hasta la rodilla; completa el atuendo un sombrero hecho de la fibra vegetal denominada tetera (Stromanthe lutea); para las mujeres, una bayeta roja que se envuelve en la cintura y les cae hasta los tobillos, otra de color similar o azul cruza por los hombros, de modo que cubre la espalda y el pecho. Estos vestidos en la actualidad los conservan algunos ancianos y rara vez se pueden observar.

Hoy en día los hombres y mujeres visten como los campesinos de la zona. Los hombres utilizan camisas de colores claros, pantalones obscuros y botas de caucho; las mujeres utilizan vestidos largos de tela sencilla confeccionados con tela adquirida en los mercados, alternados con el uso de faldas y blusas de manga corta, también gustan de pintarse de rojo las mejillas.

Aunque la caza fue su actividad de subsistencia tradicional, las condiciones desfavorables de su entorno los han obligado a desarrollar otras actividades económicas como la agricultura, la pesca y la crianza de animales domésticos. Su sistema agrícola se centra en la técnica de “tala y pudre“. El principal producto es el maíz, el cual se combina con la siembra de yuca, fríjol, caña de azúcar y plátano. En las tierras no aptas para la agricultura, se recogen productos comestibles, plantas medicinales y madera para la construcción. La extracción de oro de aluvión ocupa un renglón complementario dentro de su economía.

Actualmente la mayoría de la población se dedica a la cacería, pesca y a la agricultura para el autoconsumo (maíz, plátano, yuca); en tiempo de cosecha, la producción también se destina al mercado.
                  

1.9.        Vivienda


Por la rigurosidad del ambiente bajo el cual vive la comunidad Awá, la vivienda es el lugar más importante para una familia, es por esto son construidas sobre sitios altos para drenar las aguas, durante las épocas de lluvia. Además cuentan con un tipo de asentamiento disperso.
Las casas cuentan con una planta rectangular de 7 metros de ancho por 10 metros de largo aproximadamente, sostenida sobre pilares de madera ya que se levanta de 1,5 a 2 metros del suelo y es elaborada con materiales de la zona como el  gualte  (chonta); su techo es de 4 aguas, cubierto de hojas de bijao. El  ingreso a la casa es a través de un palo principal en forma de gradas. La parte inferior de la casa sirve para la crianza de animales como chanchos y gallinas, para guardar madera y plátanos.
El interior de la vivienda está dispuesto de tal forma que tenemos 3 áreas principales y son:
Área de dormitorio, existe solamente uno donde descansan todos los miembros de la familia en el suelo sobre corteza de damagua y muy unidos unos con otros, para protegerse del frio. Solamente los bebes tienen una hamaca elevada para descansar.
La segunda área es la cocina, que se ubica en el extremo de la casa. Aquí encontramos el fogón elevado del suelo y se preparan los alimentos, además el humo de la cocción de los alimentos ayuda a ahuyentar los mosquitos.
El área final es un largo corredor con un pequeño espacio para recibir visitas y en el caso que alguien necesitare pasar la noche, pues es un suicidio negarle posada a alguien por las condiciones inhóspitas de la selva.

La vivienda solo dura un par de años hasta que las reparaciones de la casa sean más demandantes que realizar una nueva, por lo que son abandonadas, en general las casas son conocidas con el nombre de Yal cuya traducción al español significa casa de Awá

1.10.    Cosmovisión

Awá significa "hombre" y es uno de los pueblos indígenas más desconocidos y marginados del Ecuador. Paradójicamente, es uno de los más organizados y claros de su destino: son los últimos defensores del bosque tropical del Chocó, en el noroccidente ecuatoriano.
Con sus mitos y creencias explican la realidad del mundo que los rodea, regulan el orden social y destacan sus valores culturales. Para ellos existe un mundo superior con seres imaginarios y poderes espaciales con los que se pueden comunicar sólo a través de su magia.
Los Awa-cuaiquer como grupo social requieren regular las relaciones entre personas y con su medio circundante, mediante un conjunto de normas que conforman su ideología. Para asegurar su observación rigurosa, el espíritu se vale de imágenes que simbolizan hechos no manifiestos en forma evidente. Su papel es garantizar el cumplimiento de las reglas de juego mediante metáforas, moralejas y otras representaciones que se diluyen en múltiples manifestaciones míticas. Así, el mundo de las creencias, poblado de seres imaginarios con poderes especiales, es el reflejo de la percepción de la realidad exterior y de su propia historia social. De esta manera, todos los miembros de la comunidad se sienten vigilados por seres superiores que premian o castigan las acciones de las personas y en suma conducen a un proceder homogéneo que los hace comportarse como grupo (Cerón 1988: 172).

Por analogía, estos seres poseen características antropomorfas y zoomorfas asociadas a su mundo circundante, por ejemplo, el "Astarón" o el "Indio bravo" tienen figura indígena, pero son gigantes y deambulan por la selva curando a los animales heridos que dejó un cazador ineficiente y castigándolo por esa acción (Cerón y Calvache 1989: 26-30).

1.11.    Costumbres y celebraciones

Dentro de su cosmovisión el mundo está poblado de seres sobrenaturales. La magia cumple un papel importante al igual que la práctica de los rituales católicos. Y se expresan a través de algunos rituales y creencias como:

El matrimonio
Este comienza  con  las parejas próximas a casarse y tienen un período de “amaño“que puede durar varios meses, seguido por la asignación, por parte del padre de la novia, de un terreno para que la nueva pareja construya su vivienda y empiece a cultivar.

La construcción de la casa es un hecho trascendental para el hombre y constituye una tarea individual que demanda trabajo duro de 3 a 4 semanas. Este trabajo es tarea exclusiva de carácter masculino y se compara con el atributo femenino de amamantar. No le da prerrogativas sobre los otros habitantes de la casa, sin embargo si le da el derecho a su propiedad.

En cuanto a la veneración de los muertos es un ritual que se conserva y en la celebración de honras fúnebres prevalece la creencia en la resurrección y la vida eterna. Cuando un miembro de la comunidad muere lo envuelven en una cobija, sábana o esterilla de chonta y lo velan con lámparas de kerosene o velas. Los asistentes permanentes callados y toman guarapo o chicha. Avanza la noche y empieza la charla y el baile. Al amanecer entierran al muerto en un sofá que hacen debajo de la casa, le colocan todas sus pertenencias, ropa, machete y alimentos. Además siempre le dejan un eslabón, una lámpara y fósforos para que el muerto pueda hacer fuego en la oscuridad y desplazarse con facilidad.
En la tumba colocan una cruz de madera y sobre ella el sombrero del muerto, un machete y una jigra o mochila de pita. Posteriormente a esto la casa es abandonada y se busca un nuevo sitio para construir  una nueva.

Velorios

La veneración de los muertos implica la creencia en la resurrección y el convencimiento de que a sus espíritus les compete el mundo de los vivos, en tanto que vigilan el cumplimiento de lo deseable.

Por lo general, los indígenas de una vereda se encuentran enterados si alguien va a morir y están a la expectativa de oír un disparo de escopeta que anuncia ese hecho, lo cual se propaga de casa en casa para dar aviso a todos. Cuando se reúnen los vecinos, encuentran el cadáver envuelto en una cobija, sábana o esterilla de chonta y proceden a velarlo con lámparas de kerosene, velas o antorchas de "imbil". Inicialmente, los asistentes permanecen callados en una actitud de meditación y si alguien sabe rezar lo hace, ya que tienen fe en las invocaciones, pues aun sin entender las oraciones católicas están convencidos de que se trata de palabras que establecen una comunicación con lo sobrenatural. Por tal razón, la persona que reza es objeto de una atención especial en la medida que la práctica religiosa da privilegios al que sirve de intermediario entre el mundo real y el mundo mítico.

Los vecinos reunidos toman guarapo o "chapil", a medida que avanza la noche la actitud silenciosa va cambiando hasta llegar al baile general. Al amanecer entierran al muerto debajo de la casa; para el efecto, abren una cámara lateral en la que depositan el cadáver. Dicha cámara se aísla con un enrejado de tablillas de chonta y luego se tapa el hueco con tierra. La cámara es muy amplia para que el difunto pueda cambiar de posición y quepan allí sus pertenencias como ropa, machete y alimentos; es infaltable una lámpara, fósforos o el "eslabón" con el fin de que haga fuego en la oscuridad. La cabecera de la tumba se marca con una cruz de madera y sobre ella se ubica el sombrero del difunto, otro machete y una "jigra".

El velorio de los niños lo denominan "chigualo", tal como lo hacen los negros de la costa del Pacífico; se trata de una celebración similar al velorio de los adultos.

Honras fúnebres

Al cabo de un año de la muerte, el cónyuge invita a las honras fúnebres. Dicha reunión se prepara cuidadosamente, ya que constituye una fiesta social muy importante que aglutina a la población local con la expectativa de compartir bebida, comida, baile e información sobre los acontecimientos del área. Algunas veces, se paga una misa en el pueblo, a la que asisten los familiares y amigos cercanos, luego regresan a la casa donde esperan a los invitados. Al atardecer, el grupo se dirige a la tumba, en marcha silenciosa y con mucho sigilo. Cuando se han aproximado lo suficiente, quien encabeza el desfile dispara un tiro de escopeta para "despertar al muerto", luego invita al espíritu para que los acompañe a la fiesta, hecho que se simboliza llevando pertenencias del muerto. El traslado se hace al son de la marimba y bombos; posteriormente, en la casa se bebe y baila hasta la saciedad. Con el fin de mantener despiertos a los asistentes, se disparan tiros de escopeta y se realizan juegos que reclaman la atención de los asistentes. Lo anterior se complementa con el ir y venir de chismes; hablan en su propia lengua y en forma confidencial comentan las conductas incorrectas de las personas. El sentido de estas actitudes es incorporar la reacción social a ciertas formas de proceder inadecuadas y así mantener los valores normativos; con la embriaguez aumentan los reclamos mutuos y por lo general se termina en agresiones personales.

Como el casamiento inmediato a la muerte del cónyuge es censurado, las honras fúnebres también se convierten en un requisito que modifica el estado social del individuo. Es decir, la fiesta de honras es una forma de liberar a la persona del compromiso anterior, para que pueda contraer nuevas nupcias; por lo tanto, el ritual crea una conciencia general de la dependencia del individuo respecto al grupo y resalta los aspectos morales deseables, lo mismo que las obligaciones entre las personas.
La cobada

Es un ritual de inversión, en el cual se cambian los papeles de la persona en la vida real. Cuando una mujer va a dar a luz, debe atender el nacimiento de su hijo por sí misma fuera de la casa, mientras el marido permanece en la cama con todos los síntomas del parto y posteriormente es atendido por la esposa mientras se recupera.

Desde el punto de vista indígena, la "cobada" es un acto necesario tendiente a preservar al recién nacido de posibles maleficios. Según ellos, toda persona al nacer está asistida y rodeada por espíritus buenos y malos; por consiguiente, existe la posibilidad de que los malos prevalezcan sobre los buenos, como resultado, el niño podría presentar deformaciones o enfermedades graves. Como los espíritus malos operan a través del cuerpo de la madre, le corresponde al hombre asumir el papel de la mujer y la sustituye física y psicológicamente. Así, entra en un trance, en el cual efectivamente asume las características de un parto.

Debido a la drástica censura y al castigo que algunos indígenas sufrieron por esas prácticas, es difícil saber hasta qué punto todavía subsisten.

El chutún

Se describe como un animal de figura antropomorfa que se introduce en el cuerpo de las personas. Su poder es potencialmente nefasto para quienes contravienen normas establecidas o se encuentran "vagando por el monte"; por tanto, es una forma de evitar que los individuos se expongan a peligros de la selva, transiten solos, empleen demasiado tiempo fuera de casa o coman algo indebido.

Los síntomas del chutún son dolores de cabeza e intenso resfrío que según los indígenas hace que los enfermos se "mantengan calentándose en el sol". Reconocidos los indicios y señales del ataque, inmediatamente se llama al curandero tradicional, quien le toma el pulso y luego decide si es el "chutún" el causante del mal, pues del éxito para sacar al "chutún" del cuerpo depende el monto del pago en especies y, lo que es más importante, su prestigio en el grupo. Si fracasa, se pone en duda su capacidad de aplacar poderes sobrenaturales y como consecuencia pierde los privilegios sociales y materiales que genera la práctica mágico religiosa.

La curación del "chutún" está rodeada de actitudes misteriosas, pues se trata de un ritual que reafirma la eficacia simbólica. El tratamiento se realiza a las cuatro de la tarde por 3 ó 5 días seguidos, en cada ocasión el curandero frota el tórax con tabaco y "chapil", elementos considerados con poder mágico; esta operación se repite varias veces, ya sea soplando sobre el cuerpo dichas sustancias o rociándolas con ramas especiales; Holm-Nielsen (1984:123-125) contabilizó 23 especies de plantas relacionadas con esta curación, las cuales constituyen el 8.7% del inventario medicinal de los Awá - Cuaiquer.

El médico tradicional también les hace figuras en la cara con tintura de achiote. Posteriormente lo lleva fuera de la casa cerca de un arbusto donde continúa el ritual en forma secreta, luego hace entrar al enfermo a la casa y el curandero se queda afuera en actitud de rezar. El último día se extrae definitivamente el "chutún" con la asistencia de familiares y vecinos; al iniciar la reunión el enfermo se sienta y observa el transcurrir de la fiesta; todos beben, comen y bailan. El curandero sólo bebe, ya que con su disciplina enseña a todos que la abstinencia no es una privación, sino la forma de acumular poder y la garantía de un ritual eficaz. Este lenguaje simbólico manifiesta que sólo "personas especiales" pueden monopolizar el acceso a lo sobrenatural.
El curandero demuestra su disposición de hacer partícipes a los presentes de su magia; para el efecto, cocina una gallina que frota en el cuerpo del enfermo y la reparte en pedacitos a los presentes. La curación termina a la madrugada con un ritual de desagravios al "chatún" y un acto de purificación de la persona enferma. Todos se dirigen a un río o quebrada cercana a donde llevan una batea con abundante comida para el "chutún", principalmente pescuezo de gallina, acompañado de plátano y otros alimentos. El curandero vuelve a realizar las invocaciones e introduce al enfermo completamente desnudo dentro del agua; algunas veces los jóvenes se introducen en la corriente unos metros arriba para enviar a través del agua su vigor y energía. Posteriormente todos regresan a la casa, pero la bandeja con alimentos permanece en el río, pues se asume que el "chutún" sale definitivamente del cuerpo y se queda devorando lo que le han servido para su satisfacción.

Esta práctica permite apreciar el destacado papel que cumple el curandero, quien por ser depositario del saber médico aprendido de generación en generación, mantiene la cohesión e identidad cultural de la comunidad a través de valores esencialmente mágicos. Él logra aglutinar al grupo alrededor de un sistema de creencias que al mismo tiempo sugieren la persistencia de formas específicas de pensamiento, lenguaje y comportamientos comunes. Como consecuencia, el acto de curar a un enfermo se considera un espectáculo celebrado dentro de las más absolutas tradiciones y conduce a refrendar la eficacia de la magia en público.

El ritual del "chutún" merece destacarse desde el punto de vista social, ya que es por excelencia la reunión donde se ventilan los conflictos, querellas personales y donde mejor se ejerce la censura oficial a los transgresores del orden establecido. Se la puede considerar una reunión de impugnación, vituperio, juicio y examen, durante la cual se permiten el ir y venir de comentarios que, combinados con la embriaguez, terminan en grandes reyertas. Esta ceremonia puede compararse con una audiencia pública y aunque nadie personifica al juez, todos son jurados de conciencia. Allí se sabe quién está cometiendo adulterio, cuál de las mujeres jóvenes ha perdido la virginidad, quién robó la cacería del vecino, etc. lo que significa enemistad declarada previamente mediante códigos o señales, pero generalmente el indígena espera un "chutún" para dirimir sus pleitos.

Mal de ojo

Se trata de una creencia difundida entre los Awa-cuaiquer y otras culturas vecinas. El mal de ojo puede ser voluntario o involuntario; el primero se atribuye a un individuo con poderes especiales, quien ejerce una acción de brujería y es capaz de hacer daño con la mirada a una persona, animal o planta. Aparece siempre enmarcado en una diversidad de sentimientos por los cuales una persona se hace acreedora a ese sortilegio de "ojiar" y ser "ojiado", ya sea por envidia, celos, venganzas, etc.

Al "mal de ojo" se le atribuyen problemas de salud en las personas y animales: si un marrano no engorda, si mueren las gallinas sin causa aparente, el dolor de cabeza, náuseas, etc. Este contexto, al igual que los otros mitos, proviene de causas objetivas y se interpreta como la prevención que cada quien debe guardar frente a los demás; entre los Awa-cuaiquer el "ojamiento" generalmente lo ejercen los "blancos", y por tal razón nunca les sostienen la mirada y expresan una especie de pacto al no establecer relación con extraños o brindar información. Dicha actitud es una característica esencial de este grupo, que la hemos denominado la solidaridad del silencio.

Si un indígena presenta los síntomas del maleficio, la familia y los vecinos rápidamente reconocen la enfermedad e inician hacia el afectado un tratamiento especial que depende del tipo de "ojamiento"; cuando es intencional se precisa de un curandero, pues el enfermo es una fuente de peligro para el entorno y es necesario que intervenga una fuerza mágica superior a la que hizo el daño. Esa especie de condena lleva al paciente a ser víctima de manifestaciones psicológicas, como miedo, rabia, etc., es decir, sentimientos relacionados con la actividad del sistema nervioso, lo cual contribuye a aumentar los síntomas psicosomáticos y por consiguiente el rechazo de bebidas y alimentos.

El curandero concentra su esfuerzo en la alteración psíquica del paciente y en las reacciones orgánicas que presenta; se presta especial atención a las plantas de pies y palmas de manos, las axilas, etc., es decir, a áreas donde la sensibilidad es mayor. Cabe destacar que los susurros y oraciones pronunciadas son una parte vital del ritual por sus efectos psicológicos; se dicen cosas encaminadas a tranquilizar el espíritu y así contribuir a desbloquear los procesos fisiológicos que aquejan al enfermo, con la ayuda de medicinas tradicionales. Este tipo de curación se ubica en un plano donde se mezcla la medicina orgánica y las terapias psicológicas, estableciendo una relación entre el shamanismo y el psicoanálisis.

Los elementos mágicos de alto poder que contrarrestan el mal de ojo y otros maleficios se compran a indígenas del alto Putumayo. Estos medicamentos pueden ser hierbas, partes de animales, piedras y semillas que se usan para hacer bebidas o talismanes; entre ellos anillos de acero "rezados" y sustancias exóticas como azufre. Además, el indígena también posee objetos protectores propios de su cultura: dientes de tigres, guatín o conejo y vegetales como cedrón, llantén y tabaco, al cual le atribuyen un alto poder mágico. Cada medicamento se usa de manera específica, ya sea frotándolo al cuerpo o bebiéndolo; cualquiera sea la forma de tratamiento, es infaltable una cruz para hacer bendiciones al enfermo.

Creencias asociadas al agua

Son múltiples las manifestaciones míticas de diferentes grupos sociales que vinculan este elemento con actividades rituales. Entre los Awa-cuaiquer al parecer hay lugares asociados al agua que producen efectos benéficos o purificadores y se piensa en ellos como fuente de poder.

En el área indígena del Ecuador se habla de un ritual de purificación denominado "guairo" o "fiesta de ropa"; se hace al marido cuando queda viudo o a uno de los familiares cercanos del difunto. Consiste en meter a éste en el río, acompañado de personas que lo bañan y dan consejos sobre buen comportamiento y hablan de las virtudes del muerto para que lo imite.

Por lo general, el agua también alberga espíritus antropomorfos asociados a parajes desolados y hondonadas agrestes, donde habita el "duende" y aparece el "cueche" (arco iris). Cuando un indígena siente ciertos malestares, inmediatamente los relaciona con algún tipo de maleficio; a veces dicen que "lo ha orinado el cueche" o "le pegó el mal viento".

Es muy común también que afirmen "me ha ojiado piedra", esto significa que al pasar un río o quebrada fueron afectados por algún mal. Cuando esto sucede, al llegar a casa sienten mareo, dolor de cabeza y malestar. Interpretamos que estos síntomas coinciden con la indisposición que se siente después de beber en exceso, o se viola una norma; se crea entonces un sentimiento de culpa acompañado de dolencias reales; para prevenir este mal, el indígena al pasar cada quebrada sin hacerse notar, recoge una piedrita pequeña que la mete cuidadosamente en el canasto, al llegar tiene varias de ellas para utilizarlas como medicina en caso de resultar afectado. Si tiene malestar, coloca las piedras en una olla de barro con agua y la pone al fuego; el enfermo se cubre con una cobija y se acerca al vapor para aspirarlo; en otras palabras se trata de una sauna que los restablece del cansancio y los relaja. A su vez, la enfermedad reconcilia la relación con la mujer, quien en otras circunstancias podría recriminarle haber gastado el dinero en "chapil" o haber llegado un día después de lo previsto; en estas condiciones, el marido pasa a ser la víctima de un hechizo y borra el mal causado a los suyos que se angustiaron y preocuparon por su tardanza. Si la persona no se siente enferma, simplemente tira las piedras fuera de la casa.

1.12.    Turismo:

Bosque del Chocó: Se extiende a lo largo de la costa del Pacífico, desde el norte de Panamá hasta el noroeste del Ecuador, ha sido reconocida internacionalmente como una de las áreas biológicamente más diversas del planeta.
Tiene una superficie de 300.000 hectáreas. de bosque húmedo tropical montano y contiene once de las veinticinco zonas de vida identificadas en Ecuador.
El Chocó tiene un clima inclemente. Por la tarde, en la comunidad de El Baboso, la niebla puede hacer bajar la temperatura ambiental a menos de 10 grados centígrados.
Flora: Presenta un gran endemismo de flora y fauna. Diferentes estudios han registrado la existencia 6300 especies de plantas, de las cuales 1500 están en peligro de extinción debido a la deforestación.  
Las especies que sobresalen de árboles son: palmas, sande, guabas, roble, guarumo, canelo y la balsa.
Fauna: Se han registrado gran variedad de especies entre las que se destacan peces y anfibios raros, más de 600 especies de aves, cinco especies de felinos y cuatro especies de monos.
En estos bosques habitan: murciélagos tigrillos, cuchuchos, raposas, venados, puercos de monte, entre las aves más representativas están: garzas, tucanes, carpinteros, gavilanes, colibríes. Existe también ranas, sapos y reptiles como: lagartijas serpientes y tortugas.
En los ríos habitan aproximadamente unas 82 especies de peces como: anchoas, sábalo, sardinas, viejas, lenguados barbuditos. Los insectos de éstos bosque muchos son polinizadores o vectores de enfermedades o sirven de alimento a una gran cantidad de animales.
Se puede realizar caminatas o cabalgar hacia el bosque. El Kaying, Rafting, avistamiento de aves, reptiles, mamíferos, fotografía y estudio de especies endémicas, existe un lugar ideal para la investigación y estudio de las ciencias naturales para escuelas, colegios y universidades. Es todo una gama de opciones que esta prodigiosa tierra puede ofrecer.

Áreas Naturales Protegidas y Territorios:  El Estado declaró en 1998 la Reserva Étnico Forestal Awá, que comprende 101 000 hectáreas destinadas al uso exclusivo de esta nacionalidad; últimamente se han incorporado 20 hectáreas.
Además, existen comunidades que se encuentran ubicadas en zona de influencia de la declarada Reserva Ecológica Cayapas Mataje y en la Reserva Cotacahi Cayapas.

1.13.    Problemas sociales y ambientales


Aculturación: Los Awá tienen una gran influencia de los pueblos campesinos que habitan la región, la que afecta especialmente a las nuevas generaciones. Aspectos tradicionales, como el vestido, han ido desapareciendo con el correr de los tiempos. En la mayoría de asentamientos se conservan prácticas como la cestería, cuya elaboración sigue siendo a mano.

En las regiones más pobres y apartadas todavía se fabrican utensilios en barro y madera, pero es muy común que ya no usen objetos de índole ancestral, pues han sido remplazados por objetos occidentales como encendedores, vasijas plásticas, termos, molinos, etc.

Sobreexplotación de los recursos y conflictos territoriales: Entre las amenazas sobresale la extracción ilegal de maderas, tanto dentro del territorio  como en los terrenos circundantes, los cultivos de palma africana, con las múltiples  presiones asociadas a esto que colindan en varios puntos con el territorio Awá, y las relaciones comunitarias con  etnias y grupos vecinos. Los conflictos con comunidades campesinas se han agudizado con la resolución del INDA de separar del territorio Awá 6. 024 Hectáreas (comunidad de Río Tigre) producto de demandas reclamando terrenos  por parte de la  Organización De Trabajadores Agrícolas De San Vicente y  La  Asociación De Desarrollo Comunitario Vista Hermosa De Río Tigre. Según las organizaciones Awá, estas organizaciones campesinas no han habitado ese territorio y lo quieren para hacer negocios y extraer la madera en virtud de sus conexiones con empresas madereras. Las relaciones con las comunidades Afro-ecuatorianas también se han tornado conflictivas por el reclamo de la  Asociación de Negros del Ecuador ASONE del territorio Awá. Las organizaciones Awá aseguran que detrás de los intereses de ASONE se encuentran intereses de traficantes de tierras e intereses comerciales. Esta relación se ha complejizado aún más por las disposiciones estatales a través del ministerio del ambiente, quien en enero de 2007 sin consulta ni previo aviso determina el co-manejo entre las dos etnias de una porción de terreno que incluía fragmentos del territorio  Awá (17. 493 Hectáreas). Ante tales disposiciones del Ministerio del Ambiente, las comunidades Awá marcharon hasta quito logrando no solo a reversión de la disposición, sino también logrando establecer un acuerdo con el presidente de revisar y restituir el territorio de la comunidad de Rio Tigre que había sido desarticulada del territorio Awá. Como es evidente, la relación de la organización Awá y el Estado Ecuatoriano ha  sido tensa y ha tenido como punto de disputa principal la delimitación, la definición de las dinámicas de manejo del territorio y el reconocimiento en los hechos de la propiedad legitima de este territorio por parte de la etnia Awá. 
Hace aproximadamente tres años, en la zona de la Costa, la Federación de Centros Awá del Ecuador, por medio de acuerdos con los centros, se encuentra trabajando en planes de aprovechamiento de los recursos del bosque, a nivel comunitario y familiar.

Pérdida de la cobertura vegetal: El avance acelerado de la explotación maderera, el cambio del uso del suelo y el incremento de las actividades agropecuarias (ganadería y palmicultura principalmente) han fragmentado las diferentes formaciones vegetales de la RECC.


Pesca: La indiscriminada utilización de las técnicas de pesca con atarraya, barbasco, electricidad y sumo de cabuya afectan negativamente los ríos donde son utilizadas (Vicente Encalada com. per.).

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